¿Y los novios?

martes, 29 de noviembre de 2016

Comprendo perfectamente que las personas quieran saber de mi vida, porque me aprecian o simplemente por saber, pero algo que no entiendo y a veces no tolero es la bendita pregunta: ¿Y LOS NOVIOS?
Y no, no me causa molestia porque no tengo pareja ahora. Lo que realmente me perturba es que me hagan esa pregunta antes de hacerme otras, por ejemplo:

¿Cómo estás? ¿Cómo te va en los estudios? ¿Qué tal tu familia? ¿Y tú salud? ¿Estás trabajando? ¿Qué hay de nuevo? ¿En qué andas? ¿Y tus proyectos? ¿Cuando nos vemos para hablar bien? ¿Cómo te has sentido?

Si, estas preguntas deberían hacerse primero, porque aunque el amor (de pareja) es importante en nuestra vida, no todo gira alrededor de eso. Además, imaginen que una persona esté pasando por un mal momento en su relación, salió a despejar su mente y alguien le sale con esa pregunta. ¡Que imprudente!

Por x razón no tengo pareja ahora, pero me encantaría que la gente me preguntara por mi vida, porque sigo teniendo vida sin pareja, poder contarles que la Universidad me está volviendo loca pero estoy enamorada de mi carrera, que he desarrollado, de forma inesperada, un loco amor por la cocina (el amor por comer lo he sentido siempre), que subir el Ávila se ha convertido en el escape perfecto de la aburrida rutina del día a día. ¡Hay tantas cosas que contar!
No me molesta contestar: No, no tengo novio en este momento.
Me molesta el hecho de que pareciera que a las personas les interesa más saber sobre eso que saber cómo estoy. Quizá la gente cree que con saber si alguien tiene pareja o no, pueden deducir el resto de las cosas, no lo sé... sólo sé que me gustaría que si alguien se va a tomar la molestia de preguntar sobre mi, preguntara sobre las cosas que estoy haciendo, mis actos me definen más que el hecho de tener un novio o no.

Perder.

lunes, 28 de noviembre de 2016

He aprendido que la vida se trata de perder. 
Y es que me di cuenta que desde pequeña empecé a perder cosas, en el colegio: los lapices y borradores duraban pocos días conmigo, perdí mi pequeñitos dientes de leche, perdí juguetes, perdí colitas, perdí el miedo a las cosas nuevas, perdí el tiempo deseando ser grande y poco a poco, mientras pasaba el tiempo, fui perdiendo la inocencia. Siendo un poco más grande seguí perdiendo... perdí amigos, perdí mascotas, perdí seres queridos, perdí mis viejos recuerdos, perdí oportunidades...

Aunque he aprendido que la vida se trata de perder, también he aprendido que después de perder...solo podemos ganar. Y es que en aquel cumpleaños donde yo quería ir a la playa y no pude, perdí la oportunidad de  compartir con mis amigos y termine pasando el día en casa con mi abuelo, ese fue mi último cumpleaños con él presente físicamente. Aquel fin de semana que viajamos a casa de la abuela, perdimos la oportunidad de descansar de una semana agotadora, pero disfrutamos de la última parrilla con la abuela, antes de que volara alto, antes de irse a descansar. Y entonces me he dado cuenta que, en muchas ocasiones, cuando creo que he perdido grandes cosas realmente no he perdido nada en comparación con lo que estoy ganando, solo que me doy cuenta de ello con el tiempo.

A pesar de lo aprendido, me duele perder y sé que seguiré perdiendo... amigos, viejos libros, amores, papeles, aretes, pulseras, tiempo, juventud, etc. Eso si, también estoy segura de que seguiré ganando, pero entre tantas cosas, solo hay una que no sé si se pueda recuperar, si al perderla obtenga algo mejor, solo hay una cosa que tengo miedo de perder y aunque la vida se trate de perder espero no perderla nunca, a mi misma. 

Mi vieja ciudad.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Dicen que "uno siempre vuelve a los viejos sitios donde amó la vida"... yo creo que es verdad.Siempre quiero volver a mi vieja ciudad, siempre que puedo lo hago. Y aunque mi familia y amigos viven aquí, amo esta ciudad por muchas cosas más.

¿Cómo no amar el lugar donde nací? ¿Cómo no amar las mejores empanadas? ¿Cómo no amar los atardeceres? ¿Cómo no amar sus playas? ¿Cómo no amar paisajes? ¿Cómo no amar su historia?
En esta ciudad amé la vida porque la viví intensamente. Recorrer sus calles, bañarme en sus playas y ríos, disfrutar de la cultura, degustar la comida y dulces tradicionales, etc. Todo esto acompañada de mi familia y los mejores amigos que he podido tener. Definitivamente, amé la vida.
Aunque ahora estoy maravillada por una gran ciudad, extravagante y en constante movimiento, siempre recuerdo con nostalgia mi pequeña ciudad, donde todo queda cerca, donde en cada calle tengo un lindo recuerdo, donde todo me parece familiar; por eso siempre quiero volver.

Ahora, estando aquí, me siento extraña. Todo es diferente, aunque estoy consciente de que todo está en un proceso de cambio, veo mi pequeña ciudad envuelta en olas de violencia, desesperación, tristeza, hambre y desesperanza. Esta no es mi vieja ciudad. Claro, ¿cómo iba a escapar esta vieja ciudad de la dura y difícil realidad que vive el país? A veces soy un poco ilusa.
Vuelvo a este sitio amado intentando escapar de la ciudad de la furia y me encuentro con una ciudad que no es mi ciudad, con calles en muy mal estado, repleta de basura y aguas negras, llena de violencia, con personas envejecidas por la vida tan dura que viven.Nada me duele más que ver a tantas personas que aprecio con unos cuantos (bastantes) kilos menos, con los ojos hundidos, con sonrisas tan tristes que parecen que tienen sus espíritus apagados. Esta no es mi vieja gente.
Volví al viejo sitio donde amé la vida, pero no lo reconozco. No me alegra, me entristece, me llena de rabia y nostalgia. Volví al viejo sitio donde amé la vida, pero estas no son mis viejas calles, ni mis viejas playas, ni mis viejas tradiciones, ni mi vieja gente. Volví a la vieja ciudad donde amé la vida, pero ya no es la vieja ciudad donde viví intensa y felizmente.   
 
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